Este 4-4 no fue el caso. No señor. La siestecita empezó a las 11 como todos los domingos. Durante los primeros minutos como que no quería la cosa. Los jugadores se veían displicentes y permisivos para con el rival. Pero nadie se imaginó que la fomedad iba a durar hasta que el decrépito legislador decretara el término del match.
Treintitantos era un viejo conocido. El habilidoso zurdo apodado "Chile" comandaba las acciones escoltado por una tropa de ancianos arcaicos que poco y nada sabían jugar. Y aún así, créanlo o no, Schwager empezaba perdiendo. Y no por 1, sino por 2. Había desconcierto en las huestes locales. Parecía ser de esas mañanas en que la jerga nocturna aún no se digería, pero este no era el caso.
Fue por eso que todos intentaban explicarse que sucedía dentro del campo. Desde afuera comenzaban las especulaciones más atroces. El capitán pedía a gritos que su presente narador no le hiciera la cama, después de haber sido también víctima de rumores que no llegaría al partido por supuestos estados de ebriedad la noche anterior. Por supuesto todo era una falacia descomunal. Ni yo entendía el partido que nos estábamos comiendo, así que un par de palabras de aliento debieron ser emitidas y bastaron para despertar al gigante schwagerino.
De ahí en adelante fue otro partido. No porque se pusiera entretenido (repito, fue fome hasta el final), pero quien tomaba las riendas ahora era Schwager. Recurriendo a nuestro fiel y viejo contragolpe para hacer todo el daño posible en aquellos desgastados y seniles pulmones del rival, logramos levantar el 2-0 y dar vuelta la tortilla.
El empuje dio sus frutos y nos pusimos 4-2, que nos hizo creer que el partido estaba en la bolsa. No obstante, Treintitantos no bajó los brazos y siguió metiendo hasta el final. Gracias a eso, el 4-3 no tardó en llegar a escasos minutos del final, devolviendo la incertidumbre y la rusticidad al partido.
Para lo que viene es necesario remontarse a 2 años atrás. Jugábamos los últimos minutos contra Treintitantos y el partido iba 6-6 con la emoción que desbordaba. En una jugada confusa, el crá Joaquín convirtió un gol agónico que le daba la victoria a Schwager por 7-6. Pero de la nada, saltó un zanahórico defensa y me agarra de la camiseta alegando que el arquero estaba tirado en suelo, y que el fair play, y que mala leche, y que los monos bailan.
El mismo pecoso colorín jugaba este partido y luchaba una pelota dividida contra nuestro bien dotado jerarca defensivo alias Nacho, cuando éste último le dio una amigable patada al rival cuando se encontraba en el suelo. Este perdió los estribos y se abalanzó contra Nacho como quein se abalanza sobre una piscola, sin entender que éstos son roses y cosas del fúbol. La gracia los dejó a ambos mirando el partido desde afuera y con una fechita de suspensión.
Para colmo de males, cuando el partido se esfumaba, un error en la salida cortesía en parte de Rodrigo y en parte de mí por apurarlo (¬¬), emparejó las cosas y nos robaron los preciados 3 puntos. Y sí, me robaron el celular también. Jornada redonda.
Jugador Brahma: ^^

Jugador Grasa: Capitán, por pésimas gestiones en la presente campaña. Nacho por tener los huevos tan grandes y hacerse expulsar a propósito. Juako y Rodrigo por la chica cagadita. Y los demás todos por conspirar contra nuestro capitán y hacerle la cama.
Qué pasa con la motivación Schwager. Si vamos a seguir jugando así de mediocres mejor no vayamos y carretiemos como se debe los Sábados. No, en verdad, si vamos a jugar pongámsole un poquito más de ganas. Metámosle los que jugamos. Gritemos los que estamos afuera. Revivamos el Schwager que daba gusto. Ese que era nuestra pasión y nuestra locura.
Schwager Schwager Schwager, y después, una taza de té...